Inicio > Noticias > Ricardo, voluntario de Cáritas, nos comparte su testimonio

Doce personas, mujeres y hombres, de distintas nacionalidades, culturas, ambientes… han tenido el atrevimiento, la osadía o, mejor, la ilusión de construir un puente, yo diría de dimensiones casi infinitas.

Finales de enero o principios de febrero de este año, cuando la tercera ola del Covid-19 deambulaba a sus anchas en nuestra ciudad de Almería, este grupo de personas jóvenes con diversas circunstancias a sus espaldas, en situación de precariedad económica o social,  viviendo en situaciones de exclusión…, cada una por su cuenta decide levantar la cabeza y con ilusión presentarse en las diferentes Cáritas parroquiales de la provincia, para preguntar si pueden ofrecerles algún proyecto de futuro a corto o medio plazo.

Se inscriben en el Centro de Formación “San Francisco Javier” de Cáritas Diocesana para el curso de Personal de Almacén, que les capacitará y formará en los conocimientos, destrezas y habilidades, para facultarles en el desempeño de las tareas relacionadas con las actividades auxiliares del almacén, incluyendo, además, los contenidos de información y atención al cliente. Y, una vez adquirida esta formación y capacitación, podrán incorporarse al mundo laboral.

Después de una entrevista individual y personal, para estimularles y recomendarles  a que respondan con el máximo interés y dedicación de su parte, se les ofrece gratuitamente todo el material necesario: bolígrafos, libretas, apuntes, fotocopias relacionados con el tema, libros específicos…, hasta el vestuario laboral necesario para realizar las prácticas en la distintas empresas del ramo en Almería. Sin olvidar el aliciente de una beca de 2€ por cada hora de clase, teórica o práctica, asistida. 

Comienzan las clases teóricas que, debido a la pandemia y al cumplimiento de sus normas y medidas, han de distribuirse en presenciales y no-presenciales, cediéndoles para éstas últimas una tablet con la obligación de devolverla cuando finalice esta parte teórica. 

Un día tras otro, una hora tras otra, Lola (profesora), Claudia Vanesa, Jerónimo, Zeh Mohamed, Orlando, Sara, Salvador, Irina, Bernad, Abdelhak, Adelpian, Rosario, Melina Biviana, con gran interés y esfuerzo incorporan poco a poco todos los conocimientos, teorías y habilidades, propias de la profesión del Personal de Almacén.

Así, de forma espontánea y en pocos días, las barreras, reticencias y distancias iniciales se desmoronan, desaparecen, desembocando y madurando una relación de amistad y ayuda mutua, en especial  hacia el que más esfuerzo ha de poner para no quedarse atrás. En definitiva, un contacto, una compenetración y unión inesperada.

Es, por esto, que, antes de acudir a las empresas que se han ofrecido para la formación práctica y terminada la formación teórica, acuerdan y se comprometen a organizarse en pequeños grupos para realizar durante una semana un simulacro de creación o puesta en marcha de varias empresas. 

Orlando, Rosario y Jerónimo crean la empresa, llamada “FENIX”. Piensan en un centro de formación especializada en curso de psicología para trabajadores y trabajadoras.

Sara, Bernard, Adelpian y Abdelhak se atrevieron con la empresa de restauración llamada “COMA Y PECA”.

Salvador y Zeh Mohamed con “AIR SORF” pretenden, además de vender todo lo necesario para los juegos deportivos de guerrillas, organizar talleres de guerrillas.

Y, por último, Melina, Yela, Claudia e Irina con la empresa “EL TIMON” se comprometen a ofrecer y organizar toda clase de eventos y celebraciones sociales.

Tuve la suerte  de ser invitado a la presentación de dos de estas empresas.  La primera al restaurante “Coma y Peca”. El local estaba exquisitamente decorado con los lugares y monumentos más destacados de los países de donde proceden los cuatro empresarios. Antes de ofrecernos nada, a través de una fotografía en color nos explicaron el plato típico y originario de cada país con sus ingredientes y preparación adecuada. Terminada esta explicación, nos dieron a probar una tapa de cada una de las comidas típicas acompañada con su licor, típico también. Invitándonos, después, a ver y examinar de cerca la decoración, con la posibilidad de preguntarles algo relacionado con sus países. Yo, ni corto ni perezoso, pregunté a uno de ellos ¿por qué has venido a España? y su respuesta fue “por hambre, por miedo, por trabajo y por tener el mismo idioma. En mi país la inmensa mayoría es pobre, con muchas necesidades y sin trabajo digno, mientras unos pocos están rodeados de propiedades, riquezas, poder, privilegio y dinero”.

La segunda, a la que asistí, “El Timón” para celebrar un cumpleaños. Una sorpresa: no fue un cumpleaños, sino el cumpleaños de todas y cada una de las personas que asistimos. El local adornado debidamente para la ocasión, con globos y mucho colorido. En un mostrador estaban las fotos (tamaño cuartilla) de todos los participantes con la fecha de su nacimiento y, delante de las fotos, una magdalena con su velita pinchada. Con la canción de fondo  “Cumpleaños feliz” de Parchís, según iban nombrando cada uno se acercaba, decía en voz alta la fecha de su cumple, soplaba la velita y cogía la magdalena. Una vez que todos soplamos, nos comimos la magdalena acompañada con un vaso de zumo. Y para terminar, como sucede en este tipo de celebraciones, nos propusieron un juego: en un bolsa metieron papelitos con los nombres de todos y todas, debíamos de coger uno y, a continuación, nombrar o enumerar solo las cualidades positivas de la persona que nos había tocado. Se destacaron  muchas y muy variadas: sociabilidad, alegría, servicio, comprensión, compañerismo, unión, responsabilidad, dedicación, constancia, insistencia, ayuda, ofrecimiento… y, sobre todo, amistad.

Queda patente y demostrado que este pequeño grupo, en poco menos de seis meses, consciente o no, de forma espontánea ha creado puentes y lazos, no existiendo para estas personas muros, alambradas o vallas, que impidan mirarse a la cara, ofrecer sus brazos y manos, compartir sus alegrías y tristezas y crear un hermanamiento difícil de quebrar o romper.

Ricardo Romo Navarro

Voluntario de Cáritas diocesana en Almería